No. No voy a hablar sobre la huelga. Ni me voy a posicionar. Hoy he hecho… lo que he querido hacer. Sólo diré que, por supuesto, estoy en contra de la situación que vivimos y a favor de reivindicar (de forma pacífica, of course) soluciones reales. Estoy en paro, tengo dos carreras, un máster y un futuro más que incierto por delante. No puedo quedarme tan rickymartin.

Hasta los… janders… de los SMS (¡SMS!) que me envía mi banco aconsejándome… ¡que me compre un piso! Mmmmm… les contesto siempre con el enlace a la web… aunque creo que es una máquina quien los manda. Que nooooo, que no hago eso. Pero sí que estoy por pasarme un día por la oficina con una sonrisa en mi (preciosa) cara y darles las gracias por sus sabios consejos.

Pero espera… que hay más. Hasta los… esbrinclis… de los correos que me envía una conocida web sobre empleo aconsejándome que me matricule en un curso de un centro de estudios que pone publi en su web. Estudios sobre Comunicación y Publicidad. A esto siempre contesto con otro mail con un ‘JA-JA…JA’ Pero algo me dice que también los envía una máquina. Probablemente… Mail Chimp. El que haya trabajado en temas de Internet sabrá a lo que me refiero. ¡El monooooo!

Hoy me he cruzado con una amiga que hacía tiempo que no veía. Y hemos hablado sobre la felicidad y sobre las lentes que cada uno utiliza para ver la realidad. Porque, en mi opinión, dependiendo de las gafas que te pongas… lo ves todo de un modo u otro. Y algo que aprendí en clases de Filosofía cuando los dinosaurios poblaban la Tierra es que… existe una realidad para cada una de las personas del planeta. A lo que iba… que hablando de todo esto hemos comentado el cuento del “Elefante Encadenado” de Jorge Bucay. ¿Lo conocéis? Si la respuesta es NO… lo copio al final de la entrada… justo antes de la canción… para que lo podáis leer si os interesa.

Ayyyy, os quería comentar algo más pero no me acuerdo. Escribiendo el párrafo anterior… ¡se me ha olvidado! Eso es… como dicen en mi pueblo… porque no era importante… o porque tienes la cabeza donde no la tienes que tener. Yo… entre los hombros… un poco más arriba. De momento…

(5 minutos)

Nada. Que no recuerdo qué quería comentar. Bueno… pues copio el cuento… igual después me viene la luz….

El elefante encadenado.

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?. ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?” No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…

Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad… condicionados por el recuerdo de «no puedo»… Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón…

Sigo sin recordar lo que quería comentar. Así que… ¡buenas noches a todos! Hoy me voy a la cama ‘pronto’ porque mañana tengo que pelearme con el INEM por lo del PLAN PREPARA antes de ir al curso. Por lo visto… no me lo van a conceder. ¡Bien!

¡Ah! Sí. ¡Ahora! Es una tontería. Nada, que os quería enseñar la imagen de perfil que me he puesto en Facebook hoy. He despertado con ella en la cabeza y, cuando me pasa eso, tengo que plasmarlo antes de que me ponga perezoso. Hoy… he despertado… un poco… descompuesto.

Canción para terminar el día…

“Míranos, no bailamos tan mal
son los demás los que no saben”

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