En esto que suena el teléfono y escuchas tu nombre entre signos de interrogación. Estás trabajando (qué bien suena esta palabra aunque la escuches mentalmente) en uno de tus proyectos cuando suena el teléfono de repente. Miento. Estás contestando a un mensaje de WhatsApp (sé escribirlo sin mirar Google, yeah!) y no puedes terminar porque aparece un número de teléfono y suena el tono de llamada (mira, ese será el final del post de hoy). Ves el número y reconoces el prefijo. “Ostras, si esto es de Buriendia. Seguro que son los de Gorange para hacerme una encuesta”. Y, como eres así de majo, pues contestas para que la encuestadora gane su sueldo. Te solidarizas.

muchos teléfonos

¡¿Cuál suena?! ¡¿Cuál sueeeena?!

“¿Sí?” (como veis soy muy original contestando) “Ju… ¿Juan Pedro?”. “Sí. Soy yo” (antes decía “el mismo que viste y calza” pero me miraban raro… aunque no les viese, sé que lo hacían). “Hola, Juan Pedro. Te llamamos de Zoelindifor (nótese que el nombre es inventado). Y tú piensas “¡La leche! Esta empresa mola mucho”. “Ah, hola”, dices filpanding. “Mira. Que nos enviaste tu curriculum hace un tiempo y nos gustaría conocerte. ¿Vives en Girikislania?”. “Emmm… a ver… no. Vivo en Fruisdincia, antes vivía en Girikislandia pero regresé a Fruisdincia hace un tiempo. Pero, vamos, que tengo la maleta preparada para ir a cualquier lugar del mundo”. Sabes que esa empresa está muy lejos. Precisamente en Buriendia. “Vaya. Es que… no queremos hacerte venir a Buriendia y que luego no te contratemos”. “No, no. No hay problema. Yo voy cuando me digáis. Además, tengo donde quedarme un par de noches”.

Escuchas… nada. No escuchas nada. Porque no hablan. “Aún así, estamos demasiado lejos. No queremos hacerte venir”. Tú te mueres en ese momento. Quisieras teletransportarte con un simple chasquido de dedos, llamar a la puerta de la empresa y aparecer con una sonrisa de oreja a oreja. Entonces, se te ocurre decir “A ver, si queréis podemos hacer una primera entrevista vía Skype”. “Ah, pues… … … … déjame que se lo comente a mi jefe y te digo algo luego”. “Vale, pero que si no hay posibilidad, voy sin problemas. Me encantaría trabajar con vosotros. Mucho” (he de decir que Zoelindifor hace cosas fantásticas). “Vale, te decimos algo luego. Queremos verte”. Y tú cuelgas con el corazón a mil. Y no sabes si contarlo a tu familia o a tus amigos. Y piensas “¡Mierda! ¿Por qué no he dicho que vivo en esa ciudad, subo a un tren en media hora y me planto allí al día siguiente?”. En fin… que el teléfono no ha vuelto a sonar. Y no sé si llamar mañana. No quiero dejar pasar una oportunidad así. ¡Arrrrg! ¡Qué hacer!

Y el resto del día avanza muy rápido. Estás en tus proyectos pero piensas en si sonará de nuevo el teléfono, en si deberías haber dicho que vivías allí o en si deberías haber contestado “¡¡¡¡He dicho que voy y es que voy!!!! ¡¡¡¡Por mis santos cojones que voy, y a callar!!!!”. Tic, tac, tic, tac… qué complicado es esto. De verdad, si digo que no me importa viajar para hacer una entrevista (no sería la primera vez) es que no me importa. Se acabó lo de buscar trabajo en tu barrio o ciudad. Las distancias no existen. Y si el contrato es para un mes… pues me planto allí para un mes. Ya veré dónde me meto. Eso es problema mío. Si tuviese que encontrar trabajo donde vivo… sólo podría dedicarme a plantar limoneros y a comentar qué tal está el tiempo “paece que va a llové porque me duelen los huesos”… No, en serio. Que este tipo de empleos no los puedo encontrar en mi (no llega ni a pueblo) zona. En fin… que espero que el teléfono vuelva a sonar mañana. ¡Ah! Y que esta vez no sea una encuestadora de Gorange.

Y así ha sido un miércoles con ataque al corazón como valor añadido.

¡Ah! Y buscando algo en el sótano he encontrado esto. Sí, en 2012 aparecí en la Cuore. #simelodicennomelocreo

Fan de la fruta

¿Y esto se lo debería enseñar a mis nietos si los tengo en un futuro hipermegabsurdamente lejano?

¡Buenas noches!

PD. Este año quería ver a este grupo. Este año… lo vi. La mayor parte del tiempo estuve solo pero lo disfruté mucho. Eran ellos, era yo y eran cientos de desconocidos rodeándome. Y recuerdo pensar “Vamos, tío, que vas consiguiendo cosas que nunca habrías imaginado que conseguirías. 2014 será un gran año. ¿Me mentiría a mi mismo?” :)

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2 respuestas a En esto que suena el teléfono.

  1. Rosa dijo:

    Que tal estas?echo de menos tus blog!

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