Este invierno, una amiga del norte me decía que estar en paro tiene sus cosas positivas. Por ejemplo, poder salir a dar un paseo por la nieve un lunes por la mañana cuando no hay nadie por el parque. En mi caso… diré que estar en paro (alucinad, el correcto de Word ha puesto ‘parto’ en lugar de ‘paro’. ¡Menos mal que reviso antes de publicar!) tiene como positivo, por ejemplo, poder pasar el lunes en la playa. No he desconectado del todo porque me han hecho un encarguillo y tengo que entregarlo mañana. Pero… poder pensar y tomar notas sobre lo que quiero enviar… acostado sobre la arena en la orilla de la playa… es algo que sólo estando en paro me puedo permitir. Eso… o de vacaciones. A todo esto… ¿los desempleados tenemos vacaciones? Duda que me acaba de surgir: ¿las vacaciones son sólo para los que trabajan?

Godzilla en el mar

Dando de comer a la neurona mientras tomo el sol.

Según la R.A.E., vacación es: Descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios.

Mmmm… entonces… va a ser que el desempleado no tiene vacaciones. ¿Es así? El otro día me decía alguien para quien he trabajado en alguna ocasión como freelance que igual me dejaba sin vacaciones porque puede que me necesitase para echarle una mano con una cosa en agosto. Claro… yo le dije… “¿Vacaciones? Yo no tengo de eso”. Si trabajo y me voy unos días a la playa… pues sí que digo lo de “me voy de vacaciones”. Pero estando en paro me suena raro. Sólo diría “me voy unos días a la playa”. En fin… que me acaba de surgir esa duda con el término ‘vacación’.

Retornando al tema principal del post… hoy he comenzado la semana en la playa. La vida es cuestión de prioridades. Siempre digo que dentro de mi plan de felicidad quiero un trabajo que me apasione. Pero… la vida no es tan sólo trabajar. Así que hoy… habría sido más feliz que una perdiz con unos cuántos días más de playa. El abuelo de un amigo decía que para ser feliz sólo pedía cagar a gusto. Sí. Como lo lees. Cagar a gusto. El pobre hombre… se ve que había tenido dificultades y… bueno… era feliz cuando no las tenía. El caballero sólo pedía eso. Pero dudo que en todos los momentos de su vida pidiese a los dioses ir al baño con asiduidad y comodidad para sentirse feliz. Como decía Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”. Pues… mi circunstancia quería que hoy… el día no fuese invisible sino eterno.

En serio. Qué importante es saber relativizar los problemas. No digo que un problema no tenga importancia. No, no. Digo que deberíamos relativizarlo. Escucharlo, darle solución pero… relativizarlo. Los problemas hay que apilarlos imaginariamente. Como cajas de zapatos. Abajo los que más pesan. Arriba los que menos. Y si tenemos que centrar nuestra atención en solucionar un problema… empezamos por los que más pesan, los que más nos dañan o frenan. Ya. No es fácil. Es complicado. Qué leches complicado. Es chunguísimo. Pero cuando un problema te habla… pues es porque necesita que le prestes atención para solucionar algo que no va bien en tu vida. Eso sí, sin obsesiones. Porque conozco a gente con verdaderos problemas pero… que están tan obsesionados con ellos que son incapaces de ver las cosas maravillosas que tienen frente a ellos cada día.

Pienso que cuando hay algo que te ronda mucho la cabeza (ya sea negativo o positivo) es porque es importante. ¡Oh, vaya descubrimiento! ¡Kant y sus teorías sobre la realidad se quedan en nada frente a mis reflexiones! Que ya. Que lo que acabo de poner es lógico. Pero… personalmente, a veces, he enterrado problemas. Y, como los zombies, siempre salen de su tumba si no has acabado con ellos.

Consejo: ponte gorra, gorro o casco en la cabeza si vas a estar muchas horas bajo el sol. Por dios, qué dolor de melón tengo.

Uno que baja la persiana del lunes. Tengo frente a mí una intensa semana. Me toca relativizar unas cuántas cosas :)

¡Buenas noches y buena semana!

PD. Bastante duro ya ha sido como para darle, encima, una satisfacción. Te juro que no haré ni un gesto de emoción…

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